A veces, en los viajes en autocaravana más bonitos también pasan cosas difíciles. Este artículo va de esos momentos que no se ven en las fotos: urgencias medicas, sustos y aprendizajes que nos dejaron huella.
Si estás empezando en el mundo del autocaravaning, en nuestra Guía para viajar en autocaravana con niños reunimos los consejos que a nosotros nos hubiera gustado conocer al principio.
La parte del viaje en autocaravana que no siempre se cuenta
Hay pocas cosas que me hagan tan feliz como viajar en autocaravana con mis hijos. Cuanto más largo el viaje, mejor: la libertad, los paisajes y la forma en que los niños aprenden del mundo con nosotros al lado, para mí, no tiene precio.
Pero también hay una parte del viaje que no siempre se cuenta: los momentos difíciles. Las urgencias médicas, los fallos de la autocaravana y esas situaciones que simplemente ocurren sin previo aviso. Cuando vives semanas o meses en autocaravana, lejos de tu casa «normal», esos pequeños contratiempos pueden sentirse mucho más grandes. Y aquí es donde la actitud lo cambia todo: mantener la calma, pensar rápido y seguir adelante marca la diferencia.
Durante nuestros dos viajes largos por Europa, pasaron cosas maravillosas, pero también algunas no tan divertidas: desde sustos de mecánica hasta urgencias médicas que todavía me cuesta recordar. La mayoría se han convertido en anécdotas de viaje y ahora nos reímos recordándolas (aunque algunas aún me dejan un nudo en la garganta).
No lo cuento para asustar a nadie, todo lo contrario. Creo que es importante mostrar la parte real de viajar en autocaravana con niños y compartir lo que aprendimos cuando las cosas no salieron como esperábamos. Además, muchas de estas situaciones podrían haber pasado igual al lado de casa.

Bueno, pues aquí va nuestra lista de cosas no tan habituales que nos pasaron viajando en autocaravana con niños.
Urgencias médicas en nuestros viajes en autocaravana con niños
Noruega – el brazo dislocado y el tutorial de YouTube
Estábamos en Noruega, en un lugar bastante aislado, aunque dentro de un camping. Era el cumpleaños de Gabi, todo tranquilo. Los niños jugaban en la saltarina cuando Lía (la mayor) quiso levantar a Noah (su hermano pequeño) y… se le salió el brazo del sitio. Si te ha pasado alguna vez, ya sabes cómo se ve: el niño no puede levantar el brazo, tú lo intentas y se cae. Ya nos había pasado antes con Lía cuando era pequeña, así que no entré en pánico. Pero si hubiera sido la primera vez, habría sido muy distinto.
Recogimos todo rapidísimo y fuimos al centro médico más cercano, a una hora de camino, con Noah llorando sin parar. Cuando llegamos, la médica, muy joven y amable, me confesó que nunca había tratado ese tipo de lesión y que iba a llamar al hospital para consultar. Minutos después regresó y, con toda naturalidad, me propuso mirar juntas un vídeo en YouTube que la mandaron del hospital para ver cómo se hacía. Mientras tanto, llamamos a una amiga nuestra que es médica, y con su ayuda, la doctora fue siguiendo los pasos hasta que, después de un par de intentos, el brazo volvió a su sitio. Y menos mal, porque si no hubiera sido así, habríamos tenido que ir al hospital a una hora y media de allí. Noah dejó de llorar y volvió a moverlo, como si nada hubiera pasado. Todo salió bien. Y aunque fue surrealista, me encantó que la doctora no tuviera miedo de admitir que no sabía hacerlo.


Albania – el susto más grande de mi vida
La situación en Albania no se ha convertido en una anécdota de viaje; todavía me pongo a llorar cada vez que lo recuerdo, y ya pasaron más de dos años. Estábamos en un camping muy chulo, pero sin tarjeta SIM, o sea, un poco desconectados. Los niños jugaban en el césped junto a la autocaravana cuando escuchamos a nuestras dos hijas gritar. Miramos a Noah: se había puesto morado, sus ojos giraron de forma extraña, empezó a caer y dejó de reaccionar y respirar.
Normalmente soy bastante tranquila en situaciones de estrés, pero aquella vez no. Ver a tu hijo cayéndose, lo que parecía sin vida, es un susto tan grande que me quedé paralizada. Gabi lo cogió en brazos, los dos gritando para que empezara a reaccionar, yo preguntando a mis hijas qué había pasado, ellas llorando. Pasaron momentos que parecieron ETERNOS hasta que empezó a respirar de nuevo.
Todavía sin fuerzas, no podía quedarse en pie, pero empezó a mirar con ojos “normales”. Toda la situación la vio la gente del camping, y una mujer me dijo que probablemente se golpeó en la barriga y que reaccionó así del dolor. Lo peor fue que no vimos exactamente qué había pasado, solo el momento en que dejó de respirar.
Durante el viaje le volvió a pasar en diferentes situaciones, aunque no tan grave. Luego, hablando con médicos, entendimos que eran espasmos del sollozo, algo que nunca habíamos oído antes: episodios que pueden parecer muy alarmantes, pero que en realidad son benignos y ocurren en algunos niños pequeños tras un llanto intenso o un susto fuerte.
Tras el viaje, nos confirmaron en Barcelona que efectivamente fue eso. Aprendimos cómo reaccionar: soplarle un poco en la boca, cuidar que no se haga daño al caer… y al final, dejaron de pasar.

Montenegro – otro susto y el hospital público
Al poco tiempo, Noah volvió a encontrarse mal: dolor de cabeza, barriga, fiebre… y sin fuerzas. Como todavía íbamos con el miedo de que pudiera ser algo relacionado con lo que pasó en Albania, fuimos a un hospital público en Podgorica.
Lo atendieron sin problema (aunque nadie hablaba un idioma que entendiéramos, así que todo fue muy lento). Probamos primero con el seguro de viaje que teníamos contratado, pero nos dijeron que debíamos ir por nuestra cuenta al hospital público.
A Noah le hicieron análisis de sangre, diagnosticaron un virus y vieron que estaba algo deshidratado, así que le pusieron una vía. Pero como no la aguantaba y se la sacaba todo el rato, decidimos llevarlo de allí, porque vimos que no estaba tan mal. Al día siguiente ya se recuperó. La analítica nos costó unos 25 €.

Polonia – la garrapata y el caos con el seguro
Nada más entrar en Polonia, fuimos al bosque. Como siempre, nos revisamos después para asegurarnos de que no teníamos garrapatas, ya que en Polonia es algo relativamente común. No notamos nada en los peques hasta dos días después, cuando vimos que Lía tenía una detrás de la oreja. La quitamos y la llevamos a analizar, y la garrapata resultó estar infectada. Eso no significa que haya transmitido una enfermedad, pero aumenta el riesgo, especialmente si pasa tanto tiempo en el cuerpo. El seguimiento depende de cada país; en Polonia se da antibiótico si la persona empieza a mostrar síntomas, y cuanto antes, mejor.
El estrés con el seguro de viaje fue casi peor que la picadura. Desafortunadamente, contraté el mismo seguro que en el viaje anterior. Me llamaron un montón de veces para decirme que debía ir al médico urgentemente… pero no tenían ninguno disponible. Después de pasar por varios hospitales públicos, encontré un médico privado y finalmente conseguimos el antibiótico. Menos mal que entiendo el idioma.
Y sin entrar en detalles, las picaduras de garrapatas pueden ser muy peligrosas, no solo por la enfermedad de Lyme, sino también por la encefalitis transmitida por garrapatas. En países como Polonia o el norte de Europa incluso recomiendan vacunarse contra esta última. Si viajas a Polonia, te aviso: hay muchas garrapatas, así que hay que revisarse siempre.


Fallos y averías de la autocaravana durante nuestros viajes
Por suerte, de las urgencias médicas, sería solo esto. Pero pasaron también otras cosas que no nos afectaron tanto, aunque no fueron fáciles de arreglar:
Croacia – la ventana voladora
Un día cualquiera, ya casi de vuelta a España – faltaban unas dos semanas, estábamos en Croacia. Como siempre, todo guardado y cerrado, seguimos el viaje. De repente, en la autovía, escuchamos un ruido muy fuerte y raro. Gabi me pregunta: «¿Cerraste la ventana de arriba?» -«Sí, sí, claro», le respondí.
Pues no. En la siguiente parada nos dimos cuenta de que se nos había volado la ventana de la capuchina. Menos mal que no pasó nada a nadie en la carretera. Llamamos al seguro, pero nos dijeron que tardarían meses en cambiar la ventana. Pusimos algo provisional (imagínate el ruido dentro de la autocaravana volviendo a España) y aguantamos hasta llegar a casa, donde sí, tardó meses… pero nos la cambiaron.
Chequia – la tormenta y la pérdida de la claraboya
Tenemos cierta “mala suerte” con las ventanas y claraboyas. Este año, en Chequia, casi llegando a Polonia, estábamos en un área camper cuando de repente empezó una tormenta muy fuerte. Cerramos todas las ventanas, pero la del baño no se cerró del todo y… voló también. Esta vez no me preocupé tanto, porque estábamos relativamente cerca de Polonia, donde sabíamos que podríamos cambiarla. Improvisamos una solución temporal con cinta y cuerdas y siguió aguantando unos días. Nos reímos bastante, porque ya parece tradición: cada viaje, una ventana menos.


Noruega – Atlantic Road y la ducha rota
Después de pasar por la famosa Atlantic Road, paramos para dormir en un parking. Yo duchándome, Gabi estaba sentado fuera y de repente me dice: “Toda el agua gris se está cayendo debajo de la autocaravana…”. Resultó que se había roto el plato de ducha. No sabíamos cuándo ni qué daños podía haber hecho el agua bajo el suelo, pero fue la última vez que pudimos ducharnos dentro en ese viaje (y todavía nos quedaban más de dos meses). Nos costó mucho encontrar la solución, pero por suerte al final lo arreglamos y ahora funciona bien.
Suecia – la bomba de agua estropeada
Después de recorrer toda Noruega, un día la bomba de agua dejó de funcionar. Sin previo aviso, nos quedamos sin agua durante dos o tres semanas. Tuvimos que cambiar nuestra forma de viajar: ir a campings o áreas de servicio para ducharnos, lavar platos o cepillarnos los dientes. Algo que parece tan simple se convierte en todo un reto cuando vives en la autocaravana. La bomba la cambiamos finalmente en Polonia, pero esas semanas sin agua nos recordaron lo fácil que es dar por hecho las pequeñas cosas.
Otras averías e imprevistos
Durante los viajes también hubo problemas mecánicos. En Polonia tuvimos que cambiar la válvula EGR, y cuando ya íbamos camino a Turquía volvió a fallar porque la habían montado mal. Tuvimos que cambiarla de nuevo en España.
Este año, en Chequia, la batería dejó de funcionar, así que tuvimos que encontrar un taller y sustituirla.
También tuvimos pequeña aventura con la placa solar. La instalamos en Polonia antes del viaje al Nordkapp en un taller de confianza… y luego nos llevó meses homologarla en España para pasar la ITV (prefiero no comentar el gasto de homologación).
Otras situaciones “intensas” en el viaje
Después de urgencias médicas, todo lo demás parece anecdótico, pero también tuvimos momentos que recordamos con mezcla de risa y susto:
- Una vez paramos en un barrio inseguro donde probablemente no deberíamos haber parado. La sensación de «creo que no tendríamos que estar aquí» fue real.
- Conduciendo por un túnel en Noruega, noté que si no paraba en ese mismo segundo, iba a chocar la capuchina con la pared. Apenas había espacio y venía otra autocaravana del lado opuesto.
- Todo el viaje por Finlandia íbamos con miedo de quedarnos sin GLP (allí no hay estaciones), pero por suerte no hizo tanto frío.
- En Polonia choqué con el garaje de mi hermano. Sí, literalmente. Por un segundo olvidé que conducía la autocaravana y no el coche. Nada grave, pero dejó un recuerdo permanente en su pared. 🙂
- Durante algunas partes del viaje llovió sin parar durante semanas (cuando estuvimos en las Islas Lofoten, por ejemplo). Una semana se aguanta, pero más de dos ya empieza a ser desesperante, sobre todo para los niños.
Estoy segura de que nos han pasado muchas más cosas que ya ni recuerdo, porque mi cerebro tiende a idealizar los viajes en autocaravana. 🙂

Consejos si viajas en autocaravana con niños por Europa
- Lleva siempre la Tarjeta Sanitaria Europea. Es imprescindible, incluso si tienes seguro de viaje.
- Contrata un buen seguro de viaje. No todos responden igual; lee opiniones antes de contratar, aunque los veas recomendados en redes.
- Infórmate sobre primeros auxilios pediátricos. Yo viajo con El gran libro de Lucía, mi pediatra, y me da muchísima tranquilidad. Ese libro vale más que cualquier búsqueda rápida en Google.
- Mantén la calma. Todo se soluciona, de verdad.
- No dejes que el miedo te frene. En toda Europa hay médicos, mecánicos y personas dispuestas a ayudar.
- Ten un fondo para imprevistos mecánicos (y otros). A veces ni el seguro cubre todo.
Y si algo de verdad pasa :
Recuerda que en una urgencia cada segundo cuenta y no hay mucho tiempo para pensar dónde está el botiquín o cuál es el número de emergencia. Mejor tenerlo todo preparado antes.
- Guarda en tu teléfono los números de emergencia del país en el que estés y el número de tu seguro médico.
- Ten un botiquín completo y accesible, no guardado en el compartimento más profundo de la autocaravana.
- No entres en pánico. Si tú mantienes la calma, tus hijos también lo harán (aunque ya sé que es fácil decirlo).
- Y algo que no aparece en ninguna lista: escucha tu instinto. Nadie conoce mejor a tus hijos que tú.

Lo que aprendimos de las urgencias y fallos en autocaravana
Todas estas situaciones podrían haber pasado cerca de casa. Las urgencias médicas, los fallos mecánicos o los imprevistos forman parte de la vida, no solo de los viajes. La diferencia está en cómo los afrontamos: mantener la calma, buscar soluciones y seguir adelante.
Lo de Noah en Albania, por ejemplo, lo habría vivido igual de mal si hubiera ocurrido en España. Quizá en ese momento pensé: «si estuviéramos en casa, estaríamos a diez minutos del hospital». Pero tampoco me habría ayudado mucho, la verdad. El resto… son cosas que pueden pasar estés donde estés.
Viajar en autocaravana con niños no es solo visitar lugares nuevos; también es aprender a adaptarse, gestionar imprevistos y disfrutar cada momento, incluso cuando las cosas no salen como esperábamos.

¿Y tú?
¿Te ha pasado algo similar viajando en familia? Cuéntamelo en comentarios, me encantará leerte. 🙂



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